Calcio y hierro: ¿Se pueden tomar juntos?

Calcio y hierro

El calcio y el hierro son dos minerales esenciales para la salud humana. Sin embargo, una duda frecuente es si consumirlos juntos, bien sea en alimentos o en suplementos, puede interferir en su aprovechamiento.

¿El calcio y el hierro es lo mismo?

No, afirmar que el calcio y el hierro es lo mismo sería incorrecto. Se trata de dos minerales distintos, con funciones fisiológicas muy diferentes: 

  • El hierro es esencial para la formación de hemoglobina y el transporte de oxígeno en sangre, así como para la función cognitiva y el sistema inmunitario.
  • El calcio participa principalmente en la formación de huesos y dientes, la coagulación sanguínea, la contracción muscular y la transmisión nerviosa.

¿El calcio y el hierro se pueden tomar juntos?

Una duda frecuente es si el hierro y el calcio se pueden tomar juntos. 

La evidencia científica indica que el calcio puede reducir ligeramente la absorción del hierro cuando se consumen en la misma ingesta. Este efecto se ha observado tanto con el hierro hemo (de origen animal) como con el no hemo (principalmente vegetal). 

Sin embargo, lo más importante es que este efecto es pequeño y, a largo plazo, no parece afectar de forma significativa a los niveles de hemoglobina ni al estado nutricional. En otras palabras: consumir calcio y hierro juntos en la misma comida no supone un problema relevante para la mayoría de las personas dentro de una dieta equilibrada.

No obstante, en situaciones concretas, como cuando se toman en forma de suplementos, puede recomendarse tomarlos en momentos distintos para optimizar la absorción. Por ejemplo, si estás tomando un suplemento de hierro y realizas una comida especialmente rica en calcio, puede ser preferible tomar el suplemente de hierro fuera de esa comida.

Alimentos con hierro y calcio para tu día a día

Como hemos visto, una mayor ingesta de calcio no afecta de forma relevante a parámetros como la hemoglobina. Por eso, en el día a día no es necesario evitar combinar alimentos ricos en calcio y alimentos ricos en hierro.

En la práctica, lo importante es asegurarte de que consumes suficiente cantidad de ambos minerales dentro de una dieta equilibrada. No es necesario complicar la planificación de las comidas.

Para hacerlo sencillo, puedes tener en cuenta lo siguiente:

  • Para cubrir tus necesidades de hierro: incluye alimentos como carne, mariscos y legumbres. Acompáñalos con alimentos ricos en vitamina C (cítricos, fresas, kiwi, pimiento, brócoli) para maximizar su absorción.
  • Para cubrir tus necesidades de calcio: asegúrate de consumir las 3 raciones diarias recomendadas de lácteos e incluye otros alimentos ricos en calcio como sardinas, almendras, tofu o sésamo. La vitamina D, presente en pescados grasos, huevos y lácteos fortificados, favorece la absorción del calcio.

Por otro lado, existen algunos alimentos que sí aportan tanto calcio como hierro de manera significativa. Algunos ejemplos son:

  • Moluscos y otros mariscos (almejas, berberechos, chirlas, ostras, mejillones, vieiras, bígaros, zamburiñas, etc.)
  • Legumbres (garbanzos, lentejas, alubias)
  • Frutos secos y semillas
  • Verduras (espinacas, acelgas, berros)

Aun así, en la práctica, la mayoría de los alimentos destacan más por su contenido en uno de estos minerales que en ambos a la vez. Por eso, lo habitual es cubrir las necesidades de hierro y calcio a través de diferentes grupos de alimentos a lo largo del día, en lugar de depender de un solo alimento.

¿La leche tiene calcio y hierro?

La leche es una excelente fuente de calcio y uno de los principales alimentos que contribuyen a cubrir las necesidades de este mineral en la dieta. Sin embargo, su contenido en hierro es muy bajo.

Esto significa que, aunque la leche es clave para el aporte de calcio, no ayuda a cubrir las necesidades de hierro, por lo que es importante combinarla con otros alimentos que sí aporten hierro, dentro de una dieta equilibrada.

Importancia del calcio y hierro para embarazadas

El calcio y el hierro son especialmente importantes en el embarazo, ya que durante esta etapa aumentan las necesidades de ambos minerales.

El hierro es fundamental para la formación de hemoglobina y para cubrir el incremento del volumen sanguíneo que se produce durante el embarazo, especialmente a partir del segundo trimestre. Además, el feto obtiene el hierro que necesita de las reservas de la madre, por lo que es esencial mantener unos niveles adecuados para evitar la aparición de anemia

Por su parte, el calcio es clave para el correcto desarrollo de los huesos del bebé, así como para mantener la salud ósea y el equilibrio metabólico de la madre.

Aunque las necesidades de hierro y calcio aumentan durante el embarazo, el organismo materno es capaz de adaptarse en cierta medida, mejorando la absorción intestinal de estos minerales y reduciendo su pérdida. Aun así, es fundamental asegurar una ingesta suficiente a través de la dieta o, si es necesario, mediante suplementación pautada por un profesional sanitario.

Enfermedades por falta de hierro y calcio

Las enfermedades por falta de hierro y calcio pueden aparecer cuando la ingesta de estos minerales es insuficiente o cuando aumentan las necesidades, como ocurre en determinadas etapas de la vida.

La deficiencia de hierro es una de las más frecuentes y puede dar lugar a anemia, una condición en la que disminuye la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. Esto puede provocar síntomas como cansancio o debilidad.

Por su parte, un déficit de calcio puede afectar principalmente a la salud ósea, favoreciendo la pérdida de masa ósea con el tiempo, además de alterar funciones importantes como la contracción muscular y la transmisión nerviosa.

Aunque existe interacción entre ambos minerales, como el efecto del calcio sobre la absorción del hierro, esta no suele ser la causa principal de estas deficiencias. En la mayoría de los casos, el problema está relacionado con una ingesta insuficiente o poco equilibrada.

Por ello, mantener una dieta variada y equilibrada es clave para prevenir tanto la anemia como los problemas asociados a un déficit de calcio.

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Alimentos fermentados: Tipos y beneficios

Los alimentos fermentados forman parte de la alimentación humana desde hace miles de años y están presentes en prácticamente todas las culturas del mundo. En los últimos años, el interés por los alimentos fermentados y su relación con la salud ha crecido notablemente: seguro que has oído hablar del kéfir o la kombucha. Sin embargo, no todos los alimentos fermentados son iguales ni todos tienen los mismos beneficios, por lo que resulta importante entender qué es la fermentación de los alimentos, qué tipos de alimentos fermentadosexisten y qué efectos tiene realmente su consumo.

¿Qué es la fermentación de los alimentos?

La fermentación de los alimentos es un proceso metabólico de tipo catabólico (degradación) en el que microorganismos (como bacterias, levaduras o mohos) crecen de forma controlada y transforman los componentes del alimento (como azúcares o carbohidratos) en sustancias más simples a través de reacciones enzimáticas. Como resultado, se libera energía y se generan compuestos como ácidos orgánicos, gases o alcohol. 

La fermentación se ha utilizado tradicionalmente para la conservación de alimentos y puede contribuir a mejorar su digestibilidad y valor nutricional, así como a modificar su sabor, aroma, textura y otras propiedades.

¿Los alimentos fermentados son saludables?

En general, los alimentos fermentados son “buenos” y muchos presentan un mayor valor nutricional en comparación con el alimento del que parten. Sin embargo, su impacto sobre la salud depende del tipo de alimento, del proceso de fermentación y de si los microorganismos permanecen vivos o no en el momento del consumo.

Tipos de alimentos fermentados

Una forma útil de clasificar los tipos de alimentos fermentados es según la presencia o ausencia de microorganismos vivos en el momento del consumo.

Alimentos fermentados con microorganismos vivos

Algunos alimentos fermentados saludables pueden contener microorganismos vivos en el momento de su consumo, siempre que no hayan sido sometidos a tratamientos térmicos posteriores.

Lácteos fermentados

  • Yogur: producto de la fermentación de la leche con bacterias específicas (Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus).
  • Kéfir: bebida fermentada a base de leche o agua, conocida por su diversidad de microorganismos.

Otros alimentos fermentados con microorganismos vivos

  • Kimchi y chucrut (sin pasteurizar): vegetales fermentados (principalmente col) típicos de la cocina asiática y europea, respectivamente.
  • Kombucha (no pasteurizada): bebida fermentada a partir de té y azúcar.
  • Productos de soja fermentada: como miso, tempeh o natto.

Alimentos fermentados sin microorganismos vivos

Otros alimentos se elaboran mediante fermentación, pero no contienen microorganismos vivos en el momento de consumo al haber sido sometidos posteriormente a tratamientos térmicos (como horneado o pasteurización) o filtrado.

Ejemplos habituales son:

  • Pan (incluida la masa madre).
  • Vino, cerveza, vinagre o sidra.
  • Salsa de soja.
  • Chocolate y café.

Aunque no contienen microorganismos vivos, siguen considerándose alimentos fermentados.

Alimentos que pueden confundirse con fermentados (pero no lo son)

Para que un alimento se considere fermentado es necesario que haya existido crecimiento microbiano intencionado y transformación enzimática de sus componentes durante su elaboración. Cuando esto no ocurre, no se puede hablar propiamente de fermentación.

En este contexto, algunos alimentos pueden generar confusión:

  • Encurtidos en vinagre (aceitunas, pepinillos, etc.): aunque presentan sabor ácido similar al de los fermentados, la acidificación se debe a la adición de vinagre y no a la acción de microorganismos.
  • Pan elaborado con gasificantes químicos: en este caso no hay fermentación, sino una producción de gases por reacción química.
  • Productos a los que se añaden bacterias tras el procesado: si no ha habido fermentación previa, no se consideran alimentos fermentados, aunque contengan microorganismos.

Beneficios de los alimentos fermentados

Los beneficios de los alimentos fermentados no dependen de un único factor, sino de una combinación de cambios físicos, químicos y microbiológicos que ocurren durante el proceso de fermentación.

Mejor conservación

Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, la fermentación genera un entorno hostil para muchos microorganismos patógenos, gracias a la producción de ácidos orgánicos, alcohol o bacteriocinas. Cuando se combina con otras técnicas de procesado, contribuye a aumentar la vida útil y la seguridad de los alimentos.

Mayor digestibilidad

Durante la fermentación se produce una pre-digestión parcial de algunos componentes del alimento. Por ejemplo, proteínas complejas pueden fragmentarse en péptidos y aminoácidos, y ciertos carbohidratos se degradan, facilitando su digestión posterior.

Mayor contenido vitamínico

La fermentación es un proceso que permite aumentar el contenido de algunas vitaminas en los alimentos. Ciertas bacterias pueden sintetizar vitaminas esenciales que el cuerpo humano es incapaz de producir, entre ellas el folato (vitamina B9), la riboflavina (vitamina B2), la menaquinona (vitamina K2) o, incluso, la cobalamina (vitamina B12) en algunas situaciones.

Aumento de la biodisponibilidad de nutrientes

Uno de los beneficios de los alimentos fermentados es que mejoran la absorción de minerales como calcio, hierro o zinc, especialmente en alimentos vegetales, al reducir los compuestos que dificultan su aprovechamiento. Esto es gracias a que la fermentación contribuye a la degradación de sustancias antinutritivas como fitatos o taninos, que pueden interferir en la absorción de nutrientes y su biodisponibilidad.

Liberación de compuestos bioactivos

Gracias a la fermentación pueden liberarse compuestos bioactivos, como péptidos derivados de las proteínas con actividad antioxidante o antihipertensiva, especialmente bien descritos en lácteos fermentados.

Aporte de probióticos

Algunos alimentos fermentados con microorganismos vivos pueden contener bacterias ácido-lácticas (LAB) o bifidobacterias que, en determinadas condiciones y cantidades, pueden influir en la microbiota intestinal y ejercer efectos beneficiosos sobre el huésped.

En el caso de los lácteos fermentados, como el yogur, estos microorganismos transforman la lactosa (el azúcar presente de forma natural en la leche) en ácido láctico, lo que reduce su contenido y puede facilitar su digestión en personas con intolerancia a la lactosa.

No obstante, no todos los alimentos fermentados pueden considerarse probióticos, ya que esto requiere la presencia de cepas específicas, bien caracterizadas y con efectos demostrados científicamente.

Bibliografía

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¿Qué es inmunosenescencia?: Características y abordaje

inmunosenescencia

A medida que envejecemos, nuestro cuerpo cambia. Uno de los procesos más importantes, aunque menos visibles, es el envejecimiento del sistema inmunitario, conocido como inmunosenescencia

Este fenómeno explica por qué con los años aumenta la vulnerabilidad frente a infecciones, la respuesta a las vacunas puede ser menor y se incrementa el riesgo de enfermedades crónicas. Conocer qué es la inmunosenescencia, cómo se manifiesta y qué papel juega la alimentación permite entender mejor cómo cuidarnos lo largo de la vida.

¿Qué es la inmunosenescencia?

La inmunosenescencia es el deterioro progresivo del sistema inmunitario asociado a la edad. Con el paso del tiempo, nuestro sistema inmune se ve sometido a un desgaste progresivo, y ya no es capaz de renovarse ni de producir nuevas células de defensa al mismo ritmo que en la juventud.

Al mismo tiempo, se produce una activación mantenida de los mecanismos inflamatorios, dando lugar a un estado inflamatorio crónico y de bajo grado, conocido como inflammaging. Cuando este estado proinflamatorio silencioso interactúa con factores genéticos y ambientales, puede contribuir al desarrollo de muchas enfermedades: enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico, diabetes tipo 2, obesidad, procesos neurodegenerativos, artrosis y artritis, osteoporosis, sarcopenia, depresión, fragilidad y distintos tipos de cáncer.

Así, la inmunosenescencia no implica solo una disminución de las defensas, sino un desequilibrio inmunitario e inflamatorio que juega un papel clave en el envejecimiento y en la aparición de múltiples enfermedades crónicas.

Características de la inmunosenescencia

Las características de la inmunosenescencia se manifiestan en una pérdida progresiva de la eficacia del sistema inmunitario. De forma general, estos cambios se traducen en:

  • Mayor susceptibilidad a infecciones, que tienden a ser más frecuentes y graves.
  • Recuperación más lenta tras una enfermedad, intervención quirúrgica o periodo de inmovilización.
  • Menor eficacia de la respuesta a las vacunas.
  • Inflamación crónica de bajo grado asociada a la edad (conocida como inflammaging).
  • Relación estrecha con la fragilidad y la pérdida de masa muscular (sarcopenia), factores clave en la pérdida de autonomía en la tercera edad.

Estas características explican por qué la inmunosenescencia no solo aumenta el riesgo de infecciones, sino que también influye en el desarrollo y la evolución de muchas enfermedades crónicas asociadas a la edad.

La inmunosenescencia en el adulto mayor

En el adulto mayor, la inmunosenescencia repercute de forma clara en la salud y el bienestar. El organismo tiene más dificultad para adaptarse a las infecciones y a otras situaciones de estrés físico, lo que se traduce en infecciones más frecuentes y graves, un mayor número de hospitalizaciones y una recuperación más lenta tras la enfermedad.

Un aspecto especialmente relevante es la relación entre inmunosenescencia y vacunas. La inflamación crónica y el envejecimiento del sistema inmunitario reducen la capacidad para generar una respuesta protectora eficaz y duradera, lo que explica que algunas vacunas pierdan eficacia con la edad y necesiten enfoques específicos.

Además, la inmunosenescencia suele coexistir con la fragilidad, la pérdida de masa y fuerza muscular (sarcopenia), el deterioro funcional y cognitivo y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Todas estas alteraciones están conectadas por un mismo mecanismo de fondo: la inflamación crónica de bajo grado, que mantiene el deterioro inmunitario y funcional con el paso del tiempo.

Tratamiento de la inmunosenescencia y abordaje nutricional

En la actualidad, no existe un tratamiento capaz de revertir la inmunosenescencia. Esta no puede evitarse, ya que es un proceso natural y biológico, pero sí puede verse acelerada por factores como el estilo de vida (dieta, sedentarismo, estrés, tóxicos) o la predisposición genética. En las personas mayores, el deterioro del sistema inmunitario es más acusado cuando existe fragilidad o una alimentación pobre en micronutrientes, lo que pone de relieve la importancia del estado nutricional.

Entre los aspectos más importantes destacan:

  • Patrón dietético: seguir una dieta de tipo mediterráneo, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y aceite de oliva, se asocia con una menor inflamación basal y una mejor función del sistema inmunitario.
  • Proteínas: asegurar una ingesta adecuada a partir de alimentos como lácteos (leche, yogur y queso), pescados, carnes blancas y huevos, es clave para preservar la masa muscular y la capacidad funcional, factores estrechamente relacionados con una respuesta inmunitaria más eficaz, especialmente en edades avanzadas.
  • Micronutrientes: las vitaminas A, C, D, B6, B9 y B12, junto con minerales como el hierro, el zinc, el selenio o el cobre, contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunitario. Además, las vitaminas C, E, B2, el zinc, el selenio y el cobre contribuyen a la protección de las células frente al daño oxidativo.
  • Microbiota intestinal: los cambios en la microbiota con la edad pueden favorecer la inflamación. El consumo adecuado de fibra y alimentos fermentados contribuye a mantener una microbiota más equilibrada y funcional.

Dentro de una alimentación variada y equilibrada, alimentos de fácil consumo como la leche o el yogur pueden ayudar de forma sencilla a cubrir parte de las necesidades de proteínas y micronutrientes (vitaminas A, D, B2, B12, zinc y selenio), especialmente cuando el apetito es menor o la dieta resulta poco diversa, algo muy frecuente en la tercera edad.

Además de la alimentación, otros hábitos juegan un papel clave:

  • actividad física regular,
  • buen descanso,
  • y evitar el sedentarismo,

favorecen un envejecimiento más saludable.

Bibliografía

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Diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente

Fecha de caducidad y consumo preferente

Las etiquetas de los alimentos tienen como objetivo principal informar al consumidor sobre las características del producto y su uso seguro. A través de datos como la fecha de caducidad o la fecha de consumo preferente, ayudan a tomar decisiones informadas, garantizar la seguridad alimentaria y fomentar un consumo responsable.No tener una adecuada comprensión de las fechas indicadas en el etiquetado contribuye al desperdicio alimentario, ya que una de sus principales causas es la confusión entre las menciones fecha de caducidad y consumir preferentemente antes de. Conocer sus diferencias facilita una mejor planificación de las comidas, una correcta conservación de los alimentos e implica tomar decisiones más acertadas sobre qué productos se pueden aprovechar y cuáles deben desecharse.

Diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente

  • La fecha de caducidad indica el momento hasta el que un alimento es seguro para su consumo. Una vez superada esta fecha, el producto no debe consumirse, ya que puede representar un riesgo para la salud.
  • La fecha de consumo preferente indica hasta cuándo el alimento conserva la calidad prevista, es decir, mantiene sus propiedades óptimas en cuanto a sabor, textura, aroma y otras características organolépticas.

¿Cuál es la fecha de caducidad y para qué sirve?

La fecha de caducidad indica el último día en que un alimento perecedero es seguro para su consumo, siempre que se hayan respetado las condiciones de conservación indicadas por el fabricante. Esta información sirve para proteger la salud del consumidor, evitando el consumo de productos que puedan representar un riesgo microbiológico.

Se indica en alimentos muy perecederos y, una vez superada esta fecha, el producto no debe consumirse. Es importante seguir las instrucciones de conservación, especialmente una vez abierto el envase, siempre que el fabricante así lo indique. Una forma de alargar su conservación es congelar los alimentos antes de que alcancen la fecha de caducidad.


¿Se puede comer un alimento el mismo día que caduca?

Sí, un alimento puede consumirse el mismo día que caduca. La fecha de caducidad marca el último día en el que el producto es seguro, por lo que durante ese día todavía puede consumirse con normalidad.

Es importante que el alimento se haya mantenido en las condiciones de conservación recomendadas por el fabricante (por ejemplo, mantener refrigerado entre 0 °C y 4 °C) y que no presente signos de deterioro, como mal olor, cambios de color o una textura diferente a la esperada.

A partir del día siguiente a la fecha de caducidad, el alimento no debe consumirse, aunque aparentemente esté en buen estado, ya que podría suponer un riesgo para la salud. La fecha de caducidad es establecida por el fabricante tras realizar estudios de vida útil, pruebas microbiológicas y evaluaciones de seguridad, que determinan hasta qué día el alimento puede consumirse sin riesgo.


¿Qué significa consumir preferentemente en las etiquetas?

Cuando en un alimento se indica la fecha de consumo preferente, significa que hasta ese día el fabricante garantiza que el producto mantiene sus cualidades organolépticas, como el sabor, el aroma, la textura o la frescura.

Una vez superada esta fecha, el alimento puede seguir consumiéndose sin suponer un riesgo para la salud, siempre que se haya conservado adecuadamente, aunque es posible que haya perdido parte de estas cualidades. Esta indicación suele encontrarse en alimentos de larga duración.


Consumir preferentemente: ¿Cuándo caduca realmente?

Como hemos visto, la fecha de consumo preferente indica hasta qué día el producto mantiene sus cualidades organolépticas óptimas. Sin embargo, una vez superada esta fecha, el alimento no caduca en términos de seguridad, y puede consumirse sin riesgo siempre que se haya conservado correctamente.

Para comprobar si el producto sigue siendo apto para el consumo, es aconsejable valorar su aspecto, olor, sabor, incluso que mantenga la textura esperada y asegurarse de que no presenta alteraciones que indiquen deterioro.


¿Cómo saber si es fecha de caducidad o consumo preferente?

Para identificar si un alimento indica fecha de caducidad o fecha de consumo preferente, basta con fijarse en la redacción que aparece en la etiqueta.

La fecha de caducidad irá precedida de la indicación «fecha de caducidad» y a continuación la propia fecha o de una referencia al lugar donde se indica la fecha en la etiqueta. 

La fecha de duración mínima o fecha de consumo preferente debe indicarse de la siguiente manera:

  • La fecha irá precedida del texto «Consumir preferentemente antes del…» cuando se indique el día concreto.
  • Cuando no se indique el día (solo mes y año), deberá utilizarse el texto «Consumir preferentemente antes del fin de…».

En ambos casos, esta mención irá acompañada de la fecha completa, o de una referencia al lugar de la etiqueta donde figure la fecha.


Productos con fecha de consumo preferente y caducidad

Los productos que llevan fecha de caducidad son productos muy perecederos, que pueden representar un riesgo para la salud si se consumen fuera del plazo indicado, incluso aunque presenten buen aspecto u olor. Los ejemplos de alimentos más habituales son carne y pescados frescos, platos preparados refrigerados o leche pasteurizada, entre otros.

La fecha de consumo preferente se aplica a alimentos más estables, a los que el paso del tiempo afecta principalmente a la calidad del producto, pero sin afectar necesariamente a la salubridad, siempre y cuando hayan tenido un buen conservado. Alimentos como pasta, legumbres secas, conservas y yogures llevan fecha de consumo preferente. 

Revisar las etiquetas de los alimentos y aprender a diferenciar entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente es un gesto sencillo que permite organizar mejor la compra y la planificación de las comidas, consumir los alimentos de forma segura y aprovecharlos al máximo.

Componentes bioactivos de la leche: Qué son y funciones

Componentes bioactivos de la leche

La leche es un alimento con una composición única y compleja, ya que aporta todos los nutrientes: proteínas de alto valor biológico, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales biodisponibles como el calcio. Pero, además de estos nutrientes, la leche contiene una serie de componentes o compuestos bioactivos que forman parte natural de su matriz y que pueden influir en procesos biológicos del organismo con funciones que van más allá de las estrictamente nutricionales.

Estos compuestos bioactivos pueden encontrarse de forma natural en la leche, pero también generarse durante la fermentación (como sucede en yogures y quesos) o durante la digestión.

¿Qué son los componentes bioactivos de la leche?

Los compuestos o componentes bioactivos son sustancias presentes en los alimentos que, más allá de su valor nutricional, ejercen efectos positivos en el organismo.

En el caso de la leche, estos compuestos bioactivos proceden principalmente de sus proteínas, lípidos y carbohidratos, e incluyen moléculas como péptidos bioactivos, así como componentes lipídicos como la membrana del glóbulo graso de la leche (MFGM), el ácido linoleico conjugado (CLA), antioxidantes lipofílicos y oligosacáridos.

Componentes bioactivos de las proteínas lácteas

La leche contiene fundamentalmente dos tipos de proteínas:

  • caseínas (80% del total): αs1-caseína, αs2-caseína, β-caseína y κ-caseína.
  • proteínas del suero (20% del total): principalmente α-lactoalbúmina y β-lactoglobulina, además de inmunoglobulinas, albúmina sérica y lactoferrina.

Ambas son importantes por su función nutricional, pero también por su capacidad para generar un tipo de compuestos bioactivos durante la digestión o el procesamiento de la leche, conocidos como péptidos bioactivos de la leche: fragmentos pequeños de proteínas con actividades específicas (antihipertensivas, antioxidantes, inmunomoduladoras, etc.).

Aproximadamente dos tercios de los péptidos bioactivos de la leche de vaca proceden de las caseínas, lo que las convierte en unas de las principales fuentes de estos compuestos.

Además de los péptidos bioactivos que se pueden generar a partir de las proteínas lácteas, estas pueden tener distintas propiedades funcionales inherentes:

  • Por ejemplo, las inmunoglobulinas (un tipo de proteína del suero especialmente abundante en el calostro) aportan defensa pasiva frente a patógenos y contribuyen a la maduración inmunitaria del recién nacido; en leche madura permanecen en concentraciones menores, e inactivas debido al tratamiento térmico.
  • Por otro lado, la lactoferrina, aunque presente en pequeñas cantidades en la leche de vaca, es interesante por su capacidad de unirse al hierro, dificultando el crecimiento de microorganismos patógenos, además de presentar propiedades antiinflamatorias.
  • La proteína α-lactoalbúmina, una de las principales proteínas del suero lácteo, es una fuente importante de aminoácidos esenciales, como el triptófano, precursor de la serotonina. Se ha estudiado su papel como suplemento nutricional para la mejora del estado de ánimo y en la regulación de los ciclos de sueño y vigilia.

Componentes bioactivos de la grasa láctea

La grasa láctea es una de las grasas más complejas de la dieta humana, con más de 400 tipos de ácidos grasos identificados. Lejos de ser solo una fuente de energía, es también una fuente de componentes bioactivos con diversas funciones. Los lácteos enteros son más ricos en estos compuestos funcionales.

Ácidos grasos de la leche

Los ácidos grasos de la leche incluyen una combinación de ácidos grasos saturados, monoinsaturados y poliinsaturados, y están también presentes otros ácidos grasos menos comunes como los de cadena corta, media, impar y ramificada.

Destacan componentes bioactivos como el ácido butírico, el ácido linoleico conjugado (CLA) y el trans-palmitoleico.

Algunas características clave:

  • Los ácidos grasos de cadena corta y media se metabolizan rápidamente y tienen menor tendencia a almacenarse como grasa corporal.
  • Los ácidos grasos de cadena impar (como el pentadecanoico y el heptadecanoico) se han asociado con menor riesgo cardiometabólico en estudios observacionales.
  • Componentes como el CLA (ácido linoleico conjugado) han sido estudiados por su posible papel en la composición corporal.

Antioxidantes lipofílicos en la leche

Los lípidos de la leche son, además, el vehículo de las vitaminas liposolubles (A, D, E y K), así como carotenoides, con propiedades antioxidantes.

Carbohidratos funcionales: Oligosacáridos en la leche

Además de lactosa, la leche contiene una pequeña fracción de carbohidratos funcionales en forma de oligosacáridos con potencial prebiótico (favorecen el crecimiento de bacterias beneficiosas). Aunque la leche humana es mucho más rica, la leche de vaca aporta estructuras con que muestran similitudes con los oligosacáridos de la leche humana o HMO (Human Milk Oligosaccharides), lo que sugiere funciones biológicas comparables. La concentración es mayor en calostro y menor en leche madura.

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Inulina: Qué es y para qué sirve

inulina

La inulina es una fibra soluble, considerada un fructooligosacárido de cadena corta (scFOS, por sus siglas en inglés) presente en muchas plantas; su fuente principal es la achicoria, cuyas raíces se utilizan sobre todo para producirla a nivel industrial.


¿Qué es la inulina?

La inulina es una fibra dietética soluble que se encuentra ampliamente en especies vegetales como polisacárido de reserva. Entre las principales fuentes de inulina se incluyen la achicoria, la cebolla, el ajo y la cebada; de todas ellas, las raíces de achicoria se utilizan con frecuencia como materia prima para la producción de inulina en la industria alimentaria.

Es ampliamente reconocido que la inulina, como prebiótico, ejerce un efecto destacado en la regulación de la microbiota intestinal, estimulando el crecimiento de bacterias beneficiosas de los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus.

Además, la inulina presenta importantes beneficios para la salud, como, por ejemplo:

  • Mejora de la función de la barrera intestinal
  • Mejora del tránsito intestinal
  • Aumento de la sensibilidad a la insulina 
  • Disminución de los triglicéridos sanguíneos y mejora del perfil lipídico
  • Mayor absorción de calcio y magnesio 
  • Aumento de la saciedad


Origen de la inulina

La inulina es un polisacárido natural formado por muchas unidades de fructosa unidas. Se encuentra de forma natural como carbohidrato de reserva en numerosas plantas, especialmente en sus raíces y tubérculos. 

La inulina se ha identificado y extraído de múltiples familias botánicas. Entre las más importantes y conocidas están la achicoria (Cichorium intybus L.) y la alcachofa (Cynara cardunculus L.), pero también se encuentra en otras fuentes como, por ejemplo: tupinambo (Helianthus tuberosus L.), yacón (Smallanthus sonchifolius) y cabuya / agave (Agave americana). 


¿Para qué sirve la inulina?

Cuando la inulina llega al intestino actúa como prebiótico, por lo que es una gran aliada para la mejora del tránsito intestinal. Al no ser digerida, llega intacta al colon. Actúa estimulando el crecimiento de las bacterias intestinales que ejercen un papel positivo en el organismo, dando lugar a ácidos grasos de cadena media que reducen el pH, ayudando al aumento de la motilidad intestinal.

Este compuesto es utilizado por la industria alimentaria para aumentar la cantidad de fibra en determinados productos y, de esta manera, hacerlos más interesantes desde el punto de vista nutricional. Además, sirve como agente espesante reteniendo agua y formando geles, mejorando las características organolépticas del alimento.


Inulina de achicoria

Propiedades de la inulina de achicoria

La inulina de la achicoria, como se ha citado, es una fibra soluble, no viscosa, que fermenta completamente en el colon actuando como una fibra prebiótica. 

  • Mejora del tránsito intestinal: las bifidobacterias aceleran el tiempo de tránsito colónico e intestinal, tanto en la población sana, como en pacientes con estreñimiento. 
  • Control del peso: la suplementación de inulina de achicoria puede contribuir al control del peso.


¿Cómo tomar inulina?

Son muchas las personas que consumen la inulina en polvo, como suplemento, pero hoy en día existe una forma mucho más fácil y deliciosa de incorporarla a la rutina diaria: elegir alimentos que ya la incluyen de manera natural, como la achicoria, la cebolla o el ajo.

Una forma especialmente cómoda y eficaz de consumir inulina en tu día a día es a través de productos que ya la contienen, como nuestra Fibra de Central Lechera Asturiana, elaborada únicamente con leche y fibra 100% natural. Su fórmula combina inulina y maltodextrina resistente a la digestión (MRD), dos fibras solubles de origen vegetal que han demostrado favorecer el tránsito intestinal y mejorar el equilibrio de la microbiota.

Sustituye tu leche habitual por un vaso de nuestra Fibra de Central Lechera Asturiana en el momento del día que prefieras, por ejemplo, en el desayuno o en la merienda.

Puedes combinarla con café, cacao, té o cereales, igual que harías con cualquier otra leche. 

Tomando solo un vaso (250 ml) al día obtienes aproximadamente el 40% de la fibra diaria recomendada, facilitando alcanzar la ingesta óptima sin esfuerzo.

¿Se puede tomar inulina en el embarazo?

No existe una cantidad diferente recomendada de fibra para las mujeres embarazadas respecto a un adulto sano. La cantidad diaria recomendada de fibra según la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) se establece en 25 g al día

El consumo de fibra, incluida la inulina, puede ser beneficioso durante el embarazo, ya que ayuda a mejorar el tránsito intestinal, contribuye al equilibrio de la microbiota y favorece la regularidad intestinal, algo especialmente útil en una etapa en la que el estreñimiento es muy frecuente. El estreñimiento es una de las molestias más comunes del embarazo y puede prevenirse con un aporte suficiente de fibra.

La inulina suele ser bien tolerada, aunque en algunas personas puede provocar gases o hinchazón si se consume en grandes cantidades. Por ello, lo ideal es introducirla de forma gradual y priorizar fuentes naturales de fibra dentro de una alimentación variada.

Bibliografía

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